miércoles, 8 de febrero de 2017

EL LOBO DEL CONURBANO: LOS ENVEJECERES DE LAS LOBAS



Asì, como ayer vimos algùn aspecto del envejecer del lobo hombre, no serìa justo dejar de mencionar su contrapartida femenina.
Las lobas, algunas, cuando envejecen, casi invariablemente ganan peso. Èsto forma parte de los muchos acaeceres de las hembras, algunos relacionados con sus hormonas, la ausencia y sus manifestaciones.
Como hacen algunos machos y las posturas, de las que hicimos menciòn, el deambular de la hembra, no siempre pero sì a veces, se acompaña con un anadeo caracterìstico. Un andar que muchas veces excede el simple pendular, o balanceo hacia los lados, soportando el peso que se asienta sobre las caderas y rodillas.
Otras lobas al envejecer, comienzan a mirar su cueva vacìa, sus camadas invisibles de antiguos cachorros que han salido al mundo para hacer su vida. Entonces, a veces, comienzan a anidar de nuevo. Anidan en el pasado, advirtièndose que se refugian màs en el pasado que en otros tiempos de verbo. Una y otra vez recrean en sus mentes recuerdos  de èpocas idas. 
Renuncian progresivamente a vivir sus presentes. Albergan la idea que tienen un futuro diferente al de las jòvenes lobas y lobos que retozan en la noche sin fin. 
Ignoran, o asì lo quieren, que el futuro de ellos y ellas, los jòvenes y viejos lobos es el mismo que el de los humanos de cualquier edad, que es la muerte.
De modo que, aferradas a un concepto erròneo de un tiempo que todos ignoran porque no lo poseen, porque el tiempo no existe, deambulan cabizbajas por su cueva vacìa, esperando el futuro universal. 
Otras, tal vez las menos, saben que van envejeciendo, que forma parte del estar aùn vivas. No significa que pretendan ser aquello que ya no son, no compiten con lobas màs jòvenes. Simplemente han dejado de mirar a los costados, para mirar hacia adentro. Descubren dìas de libertad, horas de hallazgos en sus presentes que no sospechaban que podìan existir. 
No necesitan refugiarse en un proyecto biològico, como podrìa ser el de tener nietos, el de verlos crecer y las ternezas que no son excluyentes con su actual vivir, pero no dejan que èsto sea su todo.
Tiene su propio ser interior, el que les permite crecer desde otro lugar diferente, creativo.
Viven o intentan vivir en un eterno ahora. No es que se vean distintas. Su envejecer es pleno en todos los sentidos. 
Libres de la necesidad de aparentar, sin acumular consejos que nadie ha pedido, retozan. Retozan en el màs puro y aniñado sentido de la palabra. Disfrutan de lo que antes no disponìan: un tiempo para sì, para estar en silencio, para hacer lo que venga en ganas, con las limitaciones que puedan tener aceptadas sin resignaciòn. 
Muestran su pelaje blanco sin verguenza, sin ataduras a la opiniòn ajena, la que ha dejado de existir hace rato, y esta actitud es la que las remonta a sitios que son incomprensibles para las otras. Puede ser que aparenten màs edad que la que en realidad tienen, pero en su interior hay una loba tan sedienta de amor y sangre como siempre, sòlo que se siente dueña de mostrar, èsa, su loba interna con quien le place. Hilosdepiedra.

martes, 7 de febrero de 2017

EL LOBO DEL CONURBANO: EL REFLEJO DE LA SOMBRA

En Cuevas Walichu, Santa Cruz, el caminante en penumbras, ausente de su sombra, sin saberlo, me prestò su imagen.
Hilos de Piedra.

Cuando salimos a ver que hay, con un lobo macho màs viejo, deberemos estar màs atentos. Con los años, los lobos y los humanos (estamos convencidos que en el comportamiento, pocas especies se parece tanto entre sì como èstos), empiezan a adoptar posturas sin notarlo, actitudes fìsicas de rendimiento, de una retirada no digna de la especie a la que se haya pertenecido. Es asì que en el humano, es comùn verle deambular, con los brazos cruzados a la espalda, como tratando de erguirse hacìa atràs, sabiendo que no es posible, ya que casi invariablemente esta actitud del cuerpo va acompañada de cierta inclinaciòn de la columna vertebral hacia adelante, encorvàndose progresivamente, y la mirada migrando sin notarlo, hacia el piso. Serìa, utilizando una comparaciòn para humanos, como si Miguel de Unamuno saliera a caminar, o los deambulares del ocaso del filòsofo. Cavilaciones invernales.
Nuestra funciòn, como lobos o humanos, levemente màs jòvenes o
màs conscientes de èsto, es advertirlo.
Frecuentemente, el lobo advertido, el lobo viejo que ha ido transformando este deambular especial en un hàbito, refunfuña, gruñe, como lo hace el humano cuando alguien pretende que contrarìe una actitud corporal arraigada, cuidadosamente cultivada.
La simple recomendaciòn no alcanza, por eso, recurrimos a una imagen, a una escena para que vaya desplegàndola y la use cuando debe corregir el hàbito de una postura que para lo ùnico que sirve es para comunicarle al cerebro: ¡Mira, cuàn provecto soy!, ¡heme aquì deambulando como lo harìa Don Miguel!.... Nada o pocas cosas hay que el cerebro acepte tan a gusto como los hàbitos, asì ahorra energìa y de paso, va menguando sus funciones por falta de exigencia. Asì que la imagen que usè fue èsta:
-Imaginate caminando por la calle principal, de tierra, de un pueblo del lejano Oeste. Enfrente, a cientocincuenta metros las puertas del Saloon, por la que en breve saldràn tres pistoleros famosos que van a enfrentarte, vos ya sabès eso.
Ahora, sentì, tus dos Colt 45, sujetas a tus muslos, las cartucheras rozando apenas tus flancos. Sin darte cuenta te erguìs, los brazos se balancean sueltos a cada lado de tu cadera, las manos levemente arquedas lista para iniciar el desenfunde lògico. De paso, recreà un cosquilleo que recorra sutilmente tus testìculos, que vaya por las ingles y contornee la cara interna de los muslos,  contoneà un poco, apenas, las caderas. Eso va para las chicas del saloon, que seguro te ven acercarte por la ventana. Nunca se sabe. La espalda màs erguida, la vista al frente, sin mirar el suelo, como venìas recièn en la piel de Don Miguel, casi sin parpadear, consciente de una respiraciòn lenta y tranquila, balanceando apenas los brazos, asì, asì, concentrate en el ardor en los testìculos. Pronto vas a demostrar què podès hacer con ellos, en todo sentido.
Èsto serìa una imagen de una variante de la llamada "marcha de poder". 
Cada uno de los lobos viejos, puede "fabricar" en su mente, aquella escena que sabe que le harà caminar erguido, digno, sin arrogancia. Fiel todavìa, mientras la tenga, a lo que devuelva el reflejo de su sombra, repito, mientras la tenga. Hilosdepiedra.

martes, 31 de enero de 2017

EL LOBO DEL CONURBANO: EL SENDERO DE LA LOCURA



El dìa habìa empezado despertàndome por el sonido de una lluvia tranquila y persistente. Sabido es el efecto de la lluvia en el lobo, sea cual sea hoy el sexo que he de adoptar. Salì "literalmente" de un sueño profundo, oscuro, como la cueva que habito. No me sentìa cansada, a pesar que habìa sido un sueño muy cambiante. Tuve un profesor en la facultad, un cardiòlogo. del que estuve secretamente enamorada, a la manera de ciertos lobos, es decir sin que èl jamàs lo supiera. En mi sueño. èl era mi ginecòlogo. No se necesita ser Freud, ¿no?. Habìa parido recientemente y me hacìa el control post parto. El tipo en cuestiòn, me revisaba en una sala repleta de gente y para que me sintiera màs còmoda, me proponìa con una ternura que jamàs habìa mostrado, ir a su consulta privada. Y me preguntaba ¿porquè ahora se muestra tan tierno y cuando fui alumna suya ni la hora me diò?. Subimos a su auto, conducido por un negro de piel lustrosa y librea oscura. Mudo. Llegamos al consultorio que resultò estar en la Boca. De pronto, habìa saltado fuera del auto y habìa pensado en Quinquela. Allì levanto la cabeza y veo el puente oscuro, el de sus cuadros, gigante, recortado apenas sobre un cielo negro y estrellado. Entramos en una especie de galpòn que era su consultorio. Me quedè esperando en la entrada y en silencio apareciò un ovejero belga, negrìsimo, amistoso. Entrè en una cocina revuelta y tratè de avisar a mis padres por el celular dònde me hallaba, (han muerto ambos hace muchos años), pero a pesar de oir voces del otro lado, no pude contactarme con ellos. Ya en la camilla èl mirò y me dijo, o puede ser muy bueno, o màs o menos o muy malo. Sabìa que hablaba del cuello uterino. Y allì me despertò la lluvia. 
Impreganada, como suelo quedar despuès de estos sueños, salì a caminar bajo una lluvia tenue y sentir en el pelo y el lomo  la humedad fresca que me aliviò. Caminè varios quilòmetros, habìa llegado a la Catedral. Siempre bien mantenida, su vereda es lisa y pareja. Asì que empecè a caminar hacia atràs. Es un ejercicio que practico con el objeto de cambiar mis puntos de vista. Trato de hacerlo cuando no hay personas. Los humanos tienden a juzgar, a burlarse de lo que no entienden y no me siento lista aùn para soportar la burla sin inmutarme. Tan concentrada estaba, que olvidè que seguìa caminando para atràs, cuando oi que una voz me decìa: lindo dìa para caminar asì. Era el hombre de una pareja muy joven de cartoneros que refugiados sentados debajo de un àrbol, estaban ahì, junto a un carro con cartones y un coche con un bebè muy chiquito. Levantè los dos pulgares en asentimiento. Su tono no me pareciò de burla, sòlo un comentario tan neutro como la nada misma. Allì recièn me di cuenta que seguìa caminando para atràs. 
Bueno, pensè para los creyentes, estoy en tierra sagrada. Para los que no, no importa nada. ¿En què cree un lobo?. ¿A quièn puede interesarle?.
Ya antes habìa sido un dìa especial. Habìa oìdo còmo una mujer vieja le ofrecìa màs libros de historia para leer a un custodia. Y habìa pensado: no està todo perdido. Mientras haya quien lea. El aislamiento propio del trabajo, no le han hecho atontarse con la radio insensata todo el dìa.
Ya casi de vuelta, cerca de la cueva, pensaba mientras cruzaba una sendacebra, ¿còmo termina èsto?... Y supe que no todos los senderos terminan....

viernes, 27 de enero de 2017

LA ENTREGA



A veces, la entrega a lo que sea que pase, es una flexibilidad interna que es una forma sana de protecciòn. Protegerse, al decir de Don Juan no es defenderse. En mi entender, la diferencia, sutil a veces es o puede ser la capacidad de reagruparse desde el equilibrio, desde adentro, cuando uno se ha sabido proteger. Defenderse es tensiòn, plegamiento, pendiente de lo externo y lo que suceda sin la participaciòn interna de uno. Eso implica, la tarea posterior de reagruparse y equilibrarse. Ambos estàn presentes durante el proceso de protecciòn, no hay que salir a buscarlos despuès de emplear la defensa, como animales que han huido por un incendio.
Hasta ahí, lo de esta mañana, surgido de vaya a saberse dónde. 
Ayer pude ver, en la playa de estacionamiento del súper, un edificio que tenía un tanque de agua parcialmente cubierto por una enredadera. Ahí tenés al sufrimiento, me dije. Adherido como esa "enamorada del muro", ganando terreno, cuando nos comportamos como el tanque de agua. 
Dejamos que vaya apoderándose hasta el menor de nuestros resquicios. Eso no es entregarse, eso es defenderse. Resistiendo, rígidos, y al final, como el tanque de agua cubiertos por la enredadera, veremos cómo se resquebrajan nuestras, las que creíamos sólidas, paredes.
Entregarse no es resignarse. Hoy uno puede definir por los opuestos o la negación. qué no es.
La resignación tiene que ver con el apabullamiento por el dolor y quebrada ya hasta la resistencia. Para eso es la resistencia: para ser quebrada, fracturada, arrastrándonos como la pared del tanque cuando no pueda soportar el peso de la dichosa enredadera del ejemplo.
Entregarse es estar consciente, atento a cómo va creciendo la enredadera. Cuando podemos dejar de vernos como "el tanque de agua". Cuando podamos ver, el avance de la enredadera sobre nada. Sin un "nosotros" debajo de ella. No seremos depositarios de su peso. Sólo vemos cómo crece, se extiende, hay días que detendrá su ritmo. Nadie habrá, sólo el ritmo de aparición, cese, o un nivel sostenido, un ruido de fondo, si tenemos la suerte de advertirlo. 

miércoles, 25 de enero de 2017

EL ENOJO

¿Còmo seguir despuès de casi dos meses de silencio de Blog?
Sin contar los viajes, a lugares geogràficos. Los viajes que valen tambièn la pena, aquellos que uno se dirige hacia lo profundo, en soledad. Un viaje, en fin, conformado por muchos dìas de pensar y no pensar. Todo me parecìa absolutamente banal, para volcar acà. Y aùn lo creo. Tambièn veo que lo banal es muy popular. Lo que uno considera banal, no lo es para otro. Lo màs probable que si uno enumera aquello que considera banal, alguien se enoje, inevitablemente. Y este mundo ya tiene gente suficientemente enojada.  
Se ha dicho y escrito mucho, acerca que la meditaciòn ayuda a observar el enojo y en general aporta beneficios, como lo reportan personas iracundas que la practican con regularidad. Como casi todo lo que enoja, nada va a desaparecer, el que va a cambiar de posiciòn, en ese campo de batalla imaginario, es el meditador. Ser consciente que hay cosas que no han de modificarse, al menos en lo inmediato, ser conscientes que uno puede desde su sentarse diario, ver su enojo, sus causas, concentrarse en ir cada vez màs profundamente, ver que indefectiblemente siempre pero siempre hay una idea detràs de la que se escuda el iracundo para desde allì arrojar su ira/idea como quien arroja piedras. Desde ese sentarse, ver què hay detràs de esa idea. El deseo de tener razòn, de acertar, de estar en lo correcto. Eso no importa, lo que sì es interesante es que siempre està el deseo. Deseo de lograr imponer su idea, deseo de comprobar que estaba asistido por la razòn, deseo, y màs deseo de lograr que las cosas se hagan tal y como quiere. El solo hecho de que algo no se acomode a su deseo, es motivo de contrariedad, frustraciòn e inevitable enojo. Como surgido desde el primer enojo ya olvidado.
Cualquier cosa que lo motive, es una idea pre-existente. 
Diferente es la indignaciòn que surge ante una injusticia, un acto de violencia que vulnera a otro ser indefenso. 
Sentarse, y observar què cosas son dignas de una indignaciòn que no impregne a los que nos rodean, como hace la ira que se desparrama como un gas tòxico. 
Ser iracundo es, al final, ser portador de veneno. El iracundo lo ùnico que desea con urgencia es poder arrojar ese veneno sobre otro, contagiarlo. Sentarse y ver porquè necesita compartir su sufrimiento con otro, traspasàndole parte de su ira. Dedicarle el tiempo que merece la ira, como un objeto de meditaciòn es empezar a dar el primer paso.

martes, 22 de noviembre de 2016

EL LOBO DEL CONURBANO: EL GATO ATIGRADO


En Villa Ballester, un barrio del conurbano, vive una pareja. ambos jubilados. Él, deambulando por las calles, ha "hecho migas" con un pequeño gato atigrado, gris oscuro de fondo y rayas negras. Cuando lo ve venir, el animal se pone panza arriba esperando ser rascado. 
Ella, amante del silencio y los lugares tranquilos, meditaba hace unos días en su casa, en el patio, donde su mente no funcionaba nada bien, lo cual era su logro, sin querer.
Estando sola en el patio haciendo lo mejor que sabía no hacer, escuchó a sus espaldas un persistente maullido. Cuando giró la cabeza, vio al gato atigrado encima del tejado de una especie de tambucho para guardar escobas, latas de pintura y eso. El pelo revuelto y un ojo semicerrado. Estado lamentable.
Es el gato de Alejandro, pensó. Sabido que ella no iba a acercarse a un gato ni con el pensamiento tal el rechazo de siempre por estos animales, dio por terminada su meditación y se encerró en casa.
El animal continuó maullando, como quejándose. Incluso parecía decir una y otra vez: ¡Me ahogo!, ¡me ahogo!....
Al anochecer, cuando volvió el marido, la mujer le cuenta y él fue a ver al patio.Y allí estaba. Lo acarició, el bicho se giró y se puso panza arriba pero estaba "sentido". Buscó carne del freezer, la calentó en el microondas y se la dio. Hambriento el bicho, la devoró en un instante. Luego agua y levantándolo lo llevó a la cochera para que pasara la noche allí.
El gato cuando se vio solo, empezó a rasguñar el vidrio de la ventana para entrar, insistente, determinado.
Ellos no querían mascotas. Con una perra a quien un gato había vaciado un ojo, habían tenido de sobra.
Y ahora se aparece el gato con su ojo vaciado, seguro que en una pelea, especulaba él, eso es Karma, sostenía ella, fiel a ese estado semiparalelo que la conectaba con la realidad.
Al día siguiente el gato volvió a brotar desde el tejado, maullando. Por suerte, la señora que ayuda en la casa, se dio maña para envolverlo en una toalla vieja y lo llevaron en el auto al veterinario. El animal muy quieto,  en la falda de la señora, viajaba. En la sala de espera de la veterinaria, se mantenía tranquilo, esperando su turno, detrás de tres perros que habían llegado primero. Ya en la consulta, el doctor le aplicó una inyección con antibiótico y le recetó un colirio para ponerle en el ojo que supuraba. Ojo ausente a simple vista. Habría que ver, si deseaban quedárselo, les dijo en qué estado iba a quedar. Cosa que nadie pensaba.
El gato, al día siguiente, luego de comer alimento balanceado que le habían comprado mientras durara su asistencia, desapareció. Con manifiesto alivio para ella. Le había llegado a poner dos veces la dichosa gota en el ojo mientras su marido lo sostenía. El animal, dócil, se dejaba abrir el párpado y aceptaba el tratamiento. Pero de los diez días indicados, ni sombra.
Dos días después, el marido deambulando por el barrio, oyó un maullido arriba de su cabeza. Desde lo alto de una pared, el gato parecía saludarlo, con su ojo perdido, aunque en buen estado, así que, una vez más lo acarició y allí quedó la cosa.
Esta mañana, cuando ambos salían, ven pasar al gato. Lo acarició como siempre, lo alzó para tratar de colocarle el colirio aunque  el tratamiento fuera medio salteado y vieron que tenía sus dos ojos verdes, limpios, abiertos y simétricos. Observando más cuidadosamente el diseño atigrado, tal vez sea diferente, y está un poco más gordo....concluyeron.
Obviamente, no es el mismo gato. Evidentemente, habían llevado al veterinario a un gato desconocido que en un momento de necesidad y sufrimiento, acudió a donde mejor supo y no se había equivocado en su elección. Inclusive, había hecho gala de las mismas zalamerías que gato "original".
Al mediodía la mujer meditaba en el patio y brotó de su pared interior, que como el gato, un pensamiento equivocado, surge con fuerza, demanda, se impone, genera la necesidad de una respuesta, de una acción. Aliviar el sufrimiento que se supone. Ese pensamiento, como el gato de esta historia, que es verídica por lo demás, nos utiliza cuando necesita que le prestemos toda la atención y asistencia de que somos capaces. Insume dedicación y energía. Luego, otra vez, como el gato, se diluye y se esfuma. Nos damos cuenta que no lo elegimos, él nos seleccionó, nos utilizó y luego siguió su marcha. 
No fuimos capaces de ver que los pensamientos se parecen, su diseño es similar, pero no dejan de ser intrusos. Hilosdepiedra.



sábado, 1 de octubre de 2016

ALGUIEN TOCÓ EL TIMBRE Y NOS REGALÓ UN MONO



Antes de abrir la puerta (la mente), observarla. ¿Podremos decidir, abrir y aceptar el regalo de un mono (el pensamiento), o ignorar el insistente sonido del timbre?.
Tarea no fácil, resistir la curiosidad. Deberemos saber, porque siempre terminamos abriendo la puerta, que ese mono, no viene solo.
Acude con otros miles de monos que van acompañándole. Monos que a veces están alineados y aparecen uno después de otro. No permiten que uno cierre la puerta. Alguno de ellos, el más fuerte, pone su pie y la traba, manteniéndola abierta y dejando entrar al resto. Otras veces, irrumpen en tropel. Inútil imponerles orden. Ese será su triunfo: que uno persiga un mono hasta el agotamiento. Los demás, harán de las suyas. Muchos elegirán trepar o bajar al sótano o a la bohardilla (el sub o el inconsciente), y se esconderán en silencio. Desde allí operarán sigilosamente, poniendo en fuga a la serenidad, a la ecuanimidad.
Podría seguir así hasta el infinito, describiendo la actividad del mono. Sólo seguiría estando a su servicio. Hilosdepiedra.