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sábado, 1 de marzo de 2014

LAS MAQUINAS QUE SE PIENSAN A SI MISMAS

PERT. A HILOSDEPIEDRA "MANO ROBOTICA , MENTE HUMANA"

Dice Gregory Chaitin, en un capítulo llamado "El nuevo Golem"...con respecto a la inteligencia artificial, se está logrando, solo que no nos damos cuenta. No es semejante a la inteligencia humana. Es muy difícil hablar, reconocer caras, caminar etc, para las computadoras es muy difícil. Pero ellas son buenas en otras cosas que son difíciles para nosotros: cálculos simbólicos por ejemplo. Hay un programa de Steven Wolfram, que tiene inteligencia artificial. Mi laboratorio participó en la supercomputadora que derrotó a Kasparov, no  con inteligencia humana, sino con FUERZA BRUTA, con un proyecto de ingeniería a gran escala. No se simuló la forma en que piensa un ajedrecista, sino se usaron centenares de máquinas muy veloces con conexión entre ellas: masivamente paralelas.
Yo me refería, más bien, al argumento central de Penrose en contra de la inteligencia artificial: la imposibilidad de las computadoras de hacer razonamientos sobre sí mismas.
Yo estoy en desacuerdo con Penrose, mi opinión personal es que la inteligencia artificial, no es un problema matemático teórico, sino un problema de Ingeniería. Yo pienso en el ser humano como una obra de ingeniería, muy bien adaptada para manejarse en este mundo.
Los seres humanos no fueron diseñados como una obra de arte sino que se fueron "emparchando" cada vez que surgía una emergencia.
Como un Frankestein que gradualmente se irá sofisticando, como una sucesión de injertos. Hasta que nos dimos cuenta que el monstruo es bastante inteligente.
Hay un libro de Douglas Robertson, "El Nuevo Renacimiento", donde expone su tesis acerca de que vivimos una nueva etapa de la sociedad y de la ciencia caracterizada por la incorporación en todos los niveles de la computación. Lo que separa al hombre del animal es el lenguaje.
La civilización comienza con la escritura y lectura que permiten saber y recordar más cosas.
En el Renacimiento, con la imprenta, hubo una democratización del saber, antes el libro era objeto de lujo reservado a obispos y reyes.
La Web será una inmensa biblioteca: la biblioteca universal humana. Lo más importante es la cantidad de información disponible y la posibilidad de su distribución. La computación provocará una revolución conceptual en la manera de hacer ciencia y matemática.
De: Borges y la Matemática, de Guillermo Martínez.

jueves, 13 de febrero de 2014

SOLOS....


UNO DE LOS MODELOS DE ESCALERAS DE PENROSE

¿Cuántas posibilidades de elección tuvo Dios al construir el Universo? Esta pregunta de Einstein, que en otras épocas hubiera preocupado a los filósofos o a los teólogos, por una paradoja de la posmodernidad está a punto de ser respondida por la física moderna. El viaje al fin de la noche tiene su punto de partida en una observación astronómica crucial de 1929: dondequiera que se apunte el telescopio, las galaxias distantes se alejan de nosotros. O en palabras más dramáticas: el universo se está expandiendo.
Los físicos tardaron algunas décadas en procesar teóricamente la noticia; la creencia en un cosmos esencialmente móvil era tan fuerte que el propio Einstein, en el único error de su carrera, había introducido una constante "cosmológica" para sujetar el universo en equilibrio. Y sin embargo se mueve. Un movimiento que tiene profundas consecuencias en las ideas sobre Dios.
En efecto, un razonamiento inmediato dice que si las galaxias se están separando unas de otras, en épocas anteriores debieron haber estado más juntas entre sí. Se conjeturó que en algún momento, toda la materia del universo tuvo que estar concentrada como en un sumidero, en un único punto infinitesimal. De allí a la teoría del Bing Bang hay un solo paso. Este paso lo dieron Roger Penrose y su entonces alumno de doctorado Stephen Hawking al demostrar en 1970, bajo la hipótesis de que la teoría general de la relatividad todavía rigiera el sumidero, que el universo en el instante inicial debía efectivamente constituir un punto de dimensión nula con una densidad infinita, lo que los matemáticos llaman una singularidad. En particular, probaron también que si hubiera habido acontecimientos anteriores a ese instante inicial, no podrían afectar de ninguna manera lo que ocurre en el presente, no tendrían consecuencias observables.Así el tiempo no continúa, como creía Kant, indefinidamente hacia atrás, sino más bien, como lo había intuido San Agustín, es una propiedad inseparable del universo, y también tiene su origen en el Big Bang.
La implicancia teológica de esta primera conjetura ya es algo incómoda. En un universo inmóvil no existe la necesidad física de un principio y puede imaginarse que Dios eligió libremente el instante de la Creación. En cambio, en un universo en expansión, el principio del tiempo ya no puede ser elegido arbitrariamente. Uno aún podría imaginar que Dios creó el universo en el instante del Big Bang, pero no tendría sentido suponer que hubiera sido creado antes, y esto establece un límite preciso a un Creador.
Aún así, la Iglesia aprobó con entusiasmo esta primera formulación. Al fin y al cabo todavía quedaba un pequeño lugar en el principio del tiempo para el fiat de un creador. Pero, sobre todo, el hecho de que el origen del universo fuera una singularidad dejaba inermes a los físicos para seguir indagando en el instante cero, simplemente porque en las singularidades todas las leyes generales fallan. El génesis quedaba así protegido con un halo de misterio muy conveniente para los usos escolásticos.
Olvidaron, sin embargo, un detalle esencial: que toda teoría en Física es provisional, que cada nueva teoría se sostiene sólo hasta tanto una nueva observación o experimento no revele una inconsistencia y fuerce  a los físicos a corregir sus fórmulas o a cambiar radicalmente su punto de vista sobre algún paradigma. Ya la Iglesia Católica había cometido una vez el error de atar las Sagradas Escrituras a la interpretación cosmológica de Ptolomeo, con la Tierra inmóvil en el centro del universo. Ese error, que perduró por más de cuatrocientos años, le valió a Galileo su condena.
Esta vez las malas noticias tardaron menos en llegar. En un congreso de cosmología organizado por los jesuitas en el Vaticano, al que habían sido invitados los principales expertos, los participantes tuvieron una audiencia con el Papa, que Hawking comenta con ironía en su Breve historia del tiempo: "Nos dijo que estaba bien estudiar la evolución del universo después del Big Bang, pero que no debíamos indagar en el Big Bang mismo, porque se trataba del momento de la Creación y, por lo tanto, de la obra de Dios. Me alegré entonces de que no conociera el tema de la conferencia que yo acababa de dar: la posibilidad de que el espacio-tiempo fuera finito, pero no tuviera frontera, lo que significaría que no hubo ningún principio, ningún momento de la Creación. ¡Yo no tenía ningún deseo de compartir el destino de Galileo!"....
Habiendo revisado su teoría, Hawking, había logrado eliminar la singularidad inicial, las flamantes fórmulas, que expuso a cardenales y obispos, dejan a Dios sin ningún papel en la Creación....
De: Guillermo Martínez: Borges y la matemática.

Algo más...
Resumiendo: Este universo imaginado por Hawking, donde los llamados "efectos cuánticos", la incertidumbre de Heinsenberg, a nivel subatómico, no pueden ser soslayados, habría que incorporarlos a la teoría de la relatividad general de Einstein ( se sabe, ellos saben, en realidad, que ambas teorías no pueden ser ambas correctas a la vez) de allí, la necesidad de hallar una única teoría unificada que pueda amalgamar los resultados de los dos mundos. 
La principal dificultad, es que en el mundo subatómico rige el principio de incertidumbre antes mencionado, que establece un límite a las posibilidades de observación y predicción (remitimos a una entrada anterior de este blog, Gatos y gatos... el gato cuántico, nos parece que tal vez aporte algo más) y señala un elemento irreductible de azar en el mundo subatómico. Einstein se hizo eco del disgusto que le ocasionaba este concepto cuando expresó: "Dios no juega a los dados con el universo". La teoría de la relatividad general, en cambio, no tiene en cuenta el principio de incertidumbre. La convivencia de estas teorías contradictorias entre sí es posible porque rigen fenómenos en distintas escalas... Ya no pueden descartarse: la relatividad general que era la hipótesis de Penrose y Hawking en el primer teorema del Big Bang, debe sustituirse, al combinarse con el principio de incertidumbre, por una nueva teoría cuántica de la gravedad.
...En la conjetura más reciente de Hawking, el espacio-tiempo, es finito en extensión pero no tiene fronteras. Puede imaginárselo como una superficie lisa y cerrada, como la superficie de la Tierra, en la que uno puede caminar indefinidamente sin caerse por precipicios. No hay tampoco singularidades en que las leyes de la ciencia fallen ni ningún borde en que se deba recurrir a Dios o una nueva ley para establecer las condiciones del contorno....ese universo sin principio y sin final simplemente...sería. No queda lugar entonces para un Creador.
Así, la pregunta de Einstein sobre cuántas posibilidades de elección tuvo Dios al concebir el Universo, si la nueva conjetura de Hawking se confirma, la respuesta sería: ninguna.
Y como ese astrónomo al que su rey preguntaba dónde ubicaba a Dios en su sistema de esferas, podría contestar, con una sonrisa mefistofélica: "Señor, esa hipótesis no me fue necesaria"......